En el ajedrez es ese momento en que el jugador parece tener todas las piezas, pero en realidad ya no tiene salida. Es un empate, una victoria disfrazada de derrota.
Esta muestra toma esa metáfora como punto de partida. Cada obra surge de experiencias luminosas o dolorosas que no se pueden mover ni cambiar.
Así, estas obras son esa última jugada. Testimonios de experiencias que encontraron en la pintura su único y último movimiento.